Cada edición del Torneo de Fútbol Infantil «Sueño Celeste», que organiza Atlético de Rafaela, deja historias que trascienden el resultado de un partido. Algunas se convierten en recuerdos imborrables y otras, con el paso de los años, terminan siendo el punto de partida de grandes carreras. Una de ellas tiene como protagonista al campeón del mundo Gonzalo Montiel.
Hace varios años, el formador de River Plate, Luis Pereyra, emprendió un viaje rumbo a nuestra ciudad junto a un grupo de jóvenes futbolistas para disputar el tradicional certamen. Entre ellos estaba un chico que todavía daba sus primeros pasos en el fútbol: Gonzalo Montiel.
Durante ese torneo, Montiel dejó una imagen que el entrenador aún conserva intacta en su memoria. El «Millonario» disputó la semifinal frente a Atlético Tucumán, igualó sin goles y la clasificación se definió desde el punto del penal.
«Gonzalo fue el encargado del último penal y él hizo el mismo gesto que el penal contra Francia. Levantó la pierna y puso la pelota al lado del palo. River salió campeón y Gonzalo se ganó el fichaje de AFA en Buenos Aires», relató.
Con el paso de los años, aquel juvenil que viajaba con la ilusión de destacarse terminó escribiendo una de las páginas más importantes del fútbol argentino. Fue el autor del penal decisivo en la final del Mundial de Qatar 2022, donde la Selección Argentina conquistó su tercera Copa del Mundo, y posteriormente volvió a vestir la camiseta albiceleste en una nueva Copa del Mundo, disputada en Estados Unidos, alcanzando nuevamente la final.
Para Pereyra, la historia de Montiel demuestra el valor que tiene un torneo formativo como el que organiza Atlético: «Hay muchos chicos que son profesionales y que han jugado el ‘Sueño Celeste’. No solamente en River, sino también en otros clubes. En este torneo puede haber un Montiel, un Colidio, un Palacios».
Del 13 al 17 de agosto, «Sueño Celeste» volverá a reunir a cientos de clubes y miles de chicos de distintos puntos del país y del exterior con un mismo objetivo: disfrutar del fútbol y perseguir un sueño. Porque muchas veces las grandes historias comienzan de la manera más sencilla: con un viaje en colectivo, una oportunidad y alguien que decide creer.



