El silencio de una planta sin producción no es sólo una postal industrial: es una señal social. En Rafaela, ciudad construida sobre la cultura del trabajo, cuando una fábrica se detiene también se suspende algo más profundo: la previsibilidad cotidiana. Los horarios pierden sentido, el salario se vuelve una incógnita y el futuro se piensa en plazos cada vez más cortos. Allí, donde antes había rutina, hoy hay espera.
Ese es el escenario que atraviesa Marengo Sociedad Anónima, una empresa histórica de la ciudad dedicada a la fabricación de golosinas, que desde 2025 enfrenta una crisis estructural que se profundizó en los últimos meses. Suspensiones, licencias, derrumbe de ventas y deudas con los trabajadores conforman un cuadro que preocupa al sindicato y a decenas de familias rafaelinas.
“Marengo llegó a tener más de 100 trabajadores; hoy quedan 50”, explicó Nicolás González, secretario general del STIA filial Rafaela, al describir el proceso de deterioro que atraviesa la firma. Según el dirigente, el principal problema es la falta de ventas, en un mercado atravesado por la apertura de importaciones que vuelve imposible competir a las industrias locales.
Actualmente, los trabajadores se encuentran licenciados mientras la empresa anuncia una reestructuración productiva. Sin embargo, la preocupación central pasa por el salario y por derechos básicos que hoy no están garantizados. “La gente necesita cobrar para comer y pagar sus cuentas”, advirtió González, quien confirmó que desde septiembre no se estarían realizando aportes jubilatorios ni a la obra social, dejando a los empleados sin cobertura médica.
El conflicto se sigue de cerca en el Ministerio de Trabajo, con audiencias periódicas y compromisos asumidos por la empresa. No obstante, desde el sindicato remarcan que las reiteradas idas y vueltas se explican por incumplimientos y cambios de postura de la patronal, que en más de una oportunidad no respetó lo acordado en esas instancias. “Nos dicen una cosa y después hacen otra. Eso es lo que nos genera mucha preocupación”, señaló el dirigente, diferenciando el ámbito institucional del comportamiento empresario.
El sociólogo Richard Sennett, en “La corrosión del carácter”, advierte que la inestabilidad laboral no sólo afecta el ingreso, sino también la identidad y la confianza de los trabajadores. En Marengo, esa corrosión se expresa en la incertidumbre diaria: no saber si habrá producción, si se pagarán los sueldos o si la empresa logrará sostenerse.
Reforma laboral y un contexto que profundiza la fragilidad del empleo
Sobre este escenario local se proyecta, además, el debate nacional por la reforma laboral impulsada por el gobierno. Para González, el impacto ya se siente incluso antes de su aprobación. “Es un retroceso de 100 años en materia de reforma laboral; vienen por nuestros derechos básicos”, afirmó, al advertir que muchas empresas aplican prácticas regresivas aun sin un marco legal definitivo.
Desde el STIA señalan que la combinación entre apertura indiscriminada de importaciones, paritarias cada vez más difíciles y un Estado nacional que se retira de su rol regulador genera un contexto adverso para la industria alimenticia. Casos nacionales de empresas con producción frenada y salarios impagos refuerzan esa preocupación.
Si bien la crisis de Marengo aún no puede leerse como un fenómeno generalizado de la industria local, se suma a una preocupación más amplia que hoy atraviesa a distintos sectores productivos de Rafaela. Referentes del entramado industrial (en especial del metalúrgico, uno de los pilares históricos de la ciudad) vienen advirtiendo que la apertura indiscriminada de importaciones, sin una revisión de la estructura tributaria, logística y de costos internos, erosiona la competitividad de las empresas locales, en particular de las pymes. En términos de economía política, Dani Rodrik en “The Globalization Paradox” (2011), plantea que la inserción en el comercio global no “funciona sola”; sino que por el contrario, requiere instituciones y reglas domésticas que amortigüen impactos, ordenen incentivos y hagan sostenible la competencia.
En ese marco, el conflicto de Marengo expone cómo un escenario macroeconómico adverso puede golpear con mayor fuerza a las firmas más frágiles, transformando dificultades económicas en problemas laborales concretos y reabriendo el debate sobre el rol del Estado en la protección del trabajo y la producción local.



