Por Nicolás Bordón.- El 17 de agosto no sólo nos invita a recordar a José de San Martín como el Libertador de América, sino también a reflexionar sobre los valores que su vida y su proyecto encarnan. La independencia de nuestra nación fue posible gracias a la combinación de visión estratégica, compromiso colectivo y respeto por la diversidad de regiones y comunidades que componían el territorio. En este sentido, el coraje que deviene de un propósito claro y de una visión inclaudicable, encontró su manifestación en la confianza de un Ejercito de los Andes que fue mutando a través de las distintas batallas; incorporando distintos hombres a lo largo del camino de la liberación.
Tanto en el cruce de los Andes como en la expedición libertadora del Perú, se incorporaron militares locales, soldados nativos de cada territorio, fuerzas navales y apoyos estratégicos claves para la victoria de cada batalla. Allí, radica una de las tantas virtudes de nuestro prócer: su capacidad para encolumnar los intereses de distintos pueblos bajo una misma misión. Esa mirada (profundamente política) no sólo encierra una lectura del poder que reconoce la pluralidad de intereses, sino que también, detenta una impronta fuertemente federal que puede observarse en la arena política actual.
Cuando el legado es fuerza en el presente
La pregunta heredada de aquella enseñanza histórica, y que hoy adquiere especial relevancia para las provincias que integran la reciente fuerza “Provincias Unidas” podría ser: Qué intereses compartimos en este nuevo escenario político nacional? Así como la necesidad de independencia articuló las fuerzas de distintos pueblos en el pasado, actualmente, la necesidad de dar respuesta a las demandas del interior productivo del país, derivó en la formación de una nueva fuerza política de espíritu profundamente federal, encabezada por los Gobernadores de Santa Fe, Córdoba, Jujuy, Chubut y Santa Cruz. En este sentido, el reclamo por una mirada nacional que no se limite a Buenos Aires refleja la necesidad de equilibrar la concentración de recursos, decisiones y oportunidades, y vuelve necesario preguntarnos: qué significa realmente el federalismo en el siglo XXI?; Que gobernador será el conductor de esta nueva fuerza?
Si bien los detalles de estos interrogantes están próximos a definirse, recuperar la mirada de nuestro prócer nos permite ensayar una respuesta: el federalismo no debería ser sólo una división administrativa (o agrego, una alianza electoral), sino un principio ético y estratégico que busque integrar los intereses de distintas provincias en un proyecto común. Actualmente, podemos observar como Santa Fe y el interior productivo, ejercen ese principio al organizarse para visibilizar su aporte a la economía y su capacidad de generar empleo, producción y bienestar social. Veremos en los próximos meses, cuáles son los resultados de esta experiencia.
Por lo pronto, recordar a San Martín en este contexto nos invita a pensar la política no como un juego de intereses aislados, sino como un proyecto de integración territorial y social. Su legado nos recuerda que la unidad no significa uniformidad y que el reconocimiento de las particularidades regionales fortalece la nación. En otras palabras, el federalismo no es sólo un concepto constitucional, sino una práctica activa de ciudadanía y participación. Este 17 de agosto, entonces, más allá de los desfiles y homenajes, vale la pena mirar a San Martín como un referente que nos enseña a equilibrar autonomía y cooperación, identidad regional y proyecto nacional. Su ejemplo nos inspira a fortalecer la voz del interior, a reconocer la riqueza productiva y cultural de provincias como Santa Fe, y a construir un país donde todas las regiones tengan protagonismo real.



