Desde el año 2002 hasta hoy, “las retenciones al campo han aportado más de 200.000 millones de dólares a las arcas del Estado. ¿Dónde está hoy ese dinero? ¿Qué hicieron con él los Gobiernos? ¿Qué mejora en la situación del campo, o en la situación del país, se ha logrado con el dinero de las retenciones? Ninguna. Hay algo que debe quedar muy claro: las retenciones no son un problema sectorial de los productores agropecuarios. Las retenciones trascienden nuestro negocio. Son un flagelo para el bien común, un daño que se le hace a la Argentina en su conjunto, trabando gravemente su desarrollo”.
Luego Pino expresó “No nos cansaremos de decir que son un impuesto injusto, confiscatorio, con alícuotas obscenas que llegan al 33% del precio de mercado de nuestros productos. Son discriminatorias con respecto a los demás sectores económicos del país, y desalientan la producción agropecuaria. Si las retenciones se suprimieran, inclusive el Estado se beneficiaría, porque recaudaría más aún a través de otros impuestos que ya existen, y son proporcionales a los resultados del trabajo realizado por los productores. Se eliminaría así un círculo vicioso que ahoga al productor y paraliza el crecimiento”.


