Por Nicolás Bordón- En un contexto social signado por el envejecimiento poblacional, transformaciones culturales y distintas formas de pensar la maternidad y paternidad, se inscribe la emergencia de este fenómeno: el descenso de la natalidad en todo el territorio nacional. Un estudio reciente del «Observatorio del Desarrollo Humano y la Vulnerabilidad» reveló la presencia de dos datos claves: el primero, que desde los años 90 a esta parte, el aumento de la esperanza de vida de gran parte de la población elevó el número de personas mayores dentro de la estructura social del país; el segundo, que tanto en 2014 como en 2020, se presentaros picos de descenso de natalidad en todo el territorio. Todo ello, derivo en que desde 2014 a la actualidad, la tasa de natalidad nacional descendió un 40%, sosteniendo una tendencia regular y estable. Esa regularidad, se manifiesta en que actualmente existen más adultos mayores que niños en el perfil demográfico nacional; y si bien en algunos lugares se muestra un pequeño diferencial a favor de nacimientos, éste resulta absolutamente transitorio. La disminución del promedio de niños por cantidad de adultos (en la década del 70 había cuatro niños por adulto mayor, actualmente hay dos); la disminución sostenida en la matrícula de los jardines de infantes y los cambios culturales en relación a la forma y proyección de composición de la familia tradicional, son evidencias de este nuevo paradigma.
Sin embargo, este fenómeno no es exclusivo de nuestro país: alcanza a gran parte de las naciones que conforman el hemisferio occidental. Como afirma Zygmund Bauman en su obra «Vida Liquida» (2005), vivimos en una era donde los vínculos sociales se tornan cada vez más flexibles y a su vez, las decisiones como tener hijos, se vuelven cada vez más individuales y menos normadas por mandatos tradicionales. En este contexto, el proyecto familiar se reconfigura y redefine bajo nuevos parámetros de libertad, autorrealización y planificación económica. Por su parte, Ulrich Beck y Elisabeth Beck-Gernsheim en su obra «El normal caos del amor» (1990), analizan cómo la modernización reflexiva conduce a una individualización creciente, donde las biografías dejan de estar prediseñadas por estructuras sociales rígidas. En este marco, las decisiones reproductivas se toman en función de trayectorias personales y expectativas de vida cada vez más diferenciadas.

En términos estadísticos, la Provincia de Santa Fe no escapa a esta lógica. Los datos provinciales reflejan de manera casi calcada la caída en los nacimientos que se observa a nivel nacional, lo cual invita a pensar la necesidad de rediseñar políticas públicas desde una lógica intergeneracional. Como advierte el demógrafo argentino Alejandro Grimson en su obra «Los límites de la cultura» (2011), la transformación demográfica no es sólo un asunto de números, sino una señal de que los valores, los proyectos de vida y las formas de habitar el mundo están cambiando. Frente a este nuevo paradigma, resulta clave observar cómo los organismos estatales como los registros civiles, no sólo contabilizan nacimientos y defunciones sino que también, pueden ofrecernos una lectura sensible y territorializada de este profundo cambio de época.
En este marco, nos preguntamos: ¿Cómo se traduce este fenómeno nacional en el territorio santafesino? ¿Qué evidencias puede ofrecernos los relevamientos del Registro Civil para comprender la magnitud de este cambio? ¿Qué desafíos plantea este nuevo mapa demográfico para la planificación de políticas públicas a nivel local?
El fenómeno sobre el territorio provincial
Para conocer cómo impacta esta transformación demográfica en Santa Fe, resulta clave acercarse a los registros concretos y al pulso cotidiano de las oficinas públicas. En diálogo con CASTELLANOS, Sergio Duarte, director del Registro Civil de la Provincia de Santa Fe, analiza cifras, tendencias y particularidades locales de un fenómeno que interpela no sólo al presente, sino también al futuro de la sociedad santafesina.
Con respecto a las cifras provinciales, Duarte sostuvo «Lo que evidencian las estadísticas de nuestro registro es, básicamente, una baja sostenida de la natalidad. Esta baja, se expresa en el hecho de que en el año 2013 se registraron 57.660 nacimientos en todo el Territorio Provincial mientras que en el 2024 (once años después), el número final fue 34.506. Esto muestra que en once años, nacieron 23.154 bebes menos en toda la Provincia. Desde nuestra mirada, el descenso de la natalidad es una tendencia sostenida, que puede observarse en el registro aproximado de dos mil nacimientos menos año a año. Esto da cuenta de una proyección bastante pareja a la baja, sin registrar grandes picos o anomalías en el desarrollo de la curva a través del tiempo. Esta misma curva es descendente de manera regular y constante».
Por otro lado, en relación a lo que sucede en el plano nacional y las posibles razones de este fenómeno, Duarte expresó «Podríamos decir que en relación al escenario nacional, existe una correspondencia con la situación de la Provincia. La tendencia es muy parecida en cuanto al carácter constante y descendente de la curva de natalidad. Por supuesto que este fenómeno se puede apreciar de forma más nítida en los grandes centros urbanos, pero a grandes rasgos, las cifras entre ambos niveles del estado son similares. A nivel departamental, los números acompañan la tendencia provincial, sin mostrar anomalías en ningún distrito en particular. En relación a las razones de esta tendencia, y sosteniendo mis argumentos en los estudios más recientes sobre el tema, podríamos decir que es un fenómeno cuyo origen es multicausal. Esta multicausalidad, incorpora argumentos sociológicos vinculados a la mayor participación de la mujer en el mundo laboral; la ruptura de los mandatos sociales alrededor de la familia numerosa; y también, a factores económicos vinculados a la memoria reciente sobre las crisis económicas que hemos atravesado como país. En este sentido, la incertidumbre sobre el devenir económico, la falta de acceso a la vivienda, la ausencia de estabilidad laboral, seguramente juegan un rol importante en el crecimiento de este fenómeno. Por ello, lo que podemos afirmar es que no es sencillo asignarle una única razón a esta tendencia demográfica».
Por último, respecto a las proyecciones que se observan desde el Registro Civil de la Provincia, Duarte afirmó «Es muy probable que en el año que estamos transcurriendo, la Provincia ingrese en una tasa negativa de natalidad, donde por primera vez en la historia, vamos a tener más fallecimientos que nacimientos. Si la curva de descenso de natalidad sigue manteniendo los valores de los últimos años, es muy probable que a finales de este 2025 tengamos este escenario. Por ello, a modo de reflexión, entiendo que esta situación representa un desafío no sólo para el Gobierno Provincial sino también, para todos los gobiernos nacionales del hemisferio occidental. Un envejecimiento de la población es un fenómeno que trae muchas consecuencias, sobre todo para la estructura económica, laboral y previsional de las economías nacionales. Nuestro Gobierno Provincial está trabajando en medidas que apunten a contrarrestar esta situación; sobre todo en lo que refiere a mejorar la calidad de vida de la ciudadanía. Desde la gestión, medidas como facilitar el acceso a la vivienda en los distintos rincones del territorio, son apuestas que van en esa dirección. Seguramente, es un desafío que va a continuar exigiendo el diseño y aplicación de políticas públicas para tratar de mitigar el impacto negativo que puede tener esta tendencia. Como mencionaba, el origen multicausal de este fenómeno seguramente requiera un abordaje multidisciplinario para contrarrestar sus efectos».
Los números del Departamento Castellanos
Entre 2010 y 2020, el Departamento Castellanos evidenció un descenso sostenido en su tasa de natalidad, expresado en nacimientos cada mil habitantes. Con una curva pronunciada en el último quinquenio, los datos del Instituto Provincial de Estadísticas y Censos (IPEC) muestran que en 2016 la tasa era de 14,7 y descendió progresivamente hasta ubicarse en 9,5 en 2020. Esta tendencia, replica el comportamiento observado a nivel Provincial y Nacional y a su vez, responde a transformaciones profundas en los modos de vida y las decisiones reproductivas. Desde una perspectiva sociológica, este escenario puede vincularse con el fenómeno de transición demográfica avanzada: una etapa en la que las sociedades experimentan una caída marcada de la natalidad, no sólo por efectos económicos, sino también por transformaciones culturales profundas. Entre ellas, se destacan la postergación de la maternidad, la mayor inserción de mujeres en el ámbito laboral y los cambios en las representaciones culturales sobre la familia y la crianza. Este fenómeno multicausal (como señalaba Sergio Duarte), no sólo marca una baja de la natalidad sino que también, hablan de un reordenamiento en los proyectos de vida de amplios sectores de la población.



