El universo adolescente siempre ha sido un terreno conflictivo en el seno de cada una de las familias. Esto se debe, en parte, al permanente cambio en la forma de comunicarnos, la explosión de las redes sociales y las comunidades digitales; como así también, por la emergencia de nuevos lenguajes y consumos culturales en el mundo joven. En ese marco, conversamos con Lucas Raspall sobre los principales desafíos de este nuevo paradigma, tratando de reflexionar sobre las acciones y estrategias que podemos llevar adelante para alcanzar vínculos sanos y fuertes con nuestros hijos durante esta etapa de sus vidas.
En relación a los principales desafíos, Raspall sostuvo “Hay desafíos que son históricos de la etapa. Si pensamos en nuestras propias adolescencias, era común que sean mal vistas por las generaciones más grandes con frases comunes como “son insoportables, no quieren hacer nada, son irreverentes” y la verdad es que ese punto de partida para encontrarse con el otro es malísimo. Por otro lado, hay otros desafíos que son históricos de la etapa y propios del contexto. Este no es cualquier contexto, debido a que estamos muy cruzados por cuestiones vinculadas a las pantallas, la tecnología, las redes sociales, y todo ello presenta un escenario diferente. Quien no conoce esos escenarios, no tiene tampoco recursos para acompañar a los más jóvenes. Si bien hay fracturas en lo que respecta a salud mental que se fueron desencadenando en la última década y que debemos ocuparnos; es calve entender que los adolescentes necesitan faros que de alguna manera los guíen, como pueden ser madres, padres y educadores en sus distintos niveles.
Por otro lado, en relación a los limites etarios y definiciones biológicas de la adolescencia, el especialista sostuvo “En términos biológicos, la adolescencia se piensa a partir de los diez, once u doce años y no antes; porque muchas veces ese apuro por definirla en edades más tempranas puede ser un problema grande para la crianza. Al mismo tiempo, tampoco debe durar hasta los treinta años, sino que por el contrario, a los veinticinco ya vemos cierta maduración en el desarrollo del cerebro que nos permite establecer que allí estaría culminando la etapa en términos biológicos.
En este sentido, cabe destacar que este año, específicamente durante el mes de septiembre, se celebraron políticas específicas vinculadas a la prevención de suicidio en los jóvenes de este rango etario, orientadas a hacer un aporte en materia de salud mental.
Actualmente, observamos una estadística de crisis de salud mental que va creciendo constantemente y estalla particularmente en la adolescencia; con lo cual todo lo que podamos hacer con la contención de nuestros jóvenes es muy importante. Un ejemplo de ello es el proyecto que Carla presentó en el concejo municipal para establecer una línea telefónica de emergencia de salud mental; lo cual resulta clave para entender las contingencias actuales. La salud mental desde siempre fue importante pero recién ahora se ha instalado en la agenda de todos, lo cual permite hablar sin los tabúes de antaño”
En esta dirección, dentro del abanico de problemáticas que involucran el mundo adolescente, se hizo presente una vez más el flagelo del consumo problemático de apuestas online. En relación a ello, Raspall sostuvo “sobre el consumo de apuestas online en adolescentes, se viene trabajando en los distintos cuerpos legislativos a nivel provincial y nacional; ya que hay que regular distintas aristas de ese problema, como por ejemplo, las publicidades. Desde edades muy tempranas, a los niños y niñas les empiezan a aparecer invitaciones a apostar que no difieren demasiado de lo que para ellos es simplemente un juego. Esto se suma a que desde los trece años, ya cuentan con billeteras virtuales asociadas a tarjetas de crédito que les permiten entrar en un terreno para el cual no tienen herramientas ni recursos con qué afrontarlo.
En todos estos casos, el acompañamiento de la familia es clave, pero también el acompañamiento de los pares. Lo que sucede con los pares es que, si bien se presentan con un grupo de referencia notable, son iguales. En este sentido, los recursos que pueden llegar a tener, no dejan de ser las herramientas de un joven de doce o trece años. De todas maneras, como la educación tiene que ser un fenómeno colectivo, quizás cuando mi hijo de quince años tenga un problema, puede ser un amigo o amiga de la misma edad la que pueda ayudarlo. Por todo ello, no hay que mirar únicamente a los apoyos que tenemos en casa sino que hay que contemplar a todos”
Por último, Raspall definió la participación del Estado en este flagelo, haciendo hincapié en la capacidad que debe adquirir para descifrar los pormenores de un contexto que nos pone todo el tiempo en jaque. Según el especialista, “El estado tiene que saber leer contextos y entender que éste en particular, se encuentra atravesado por problemas de salud mental.
Si bien hay distintos tipos de trastornos donde la gran mayoría de los resortes que contienen las problemáticas son de tipo ambulatorio (psicólogos, psiquiatras, trabajadores sociales, son los soportes más comunes); no debe dejarse de lado a ese puñado más pequeño de personas que pueden necesitar una internación u otro tipo de tratamiento. En esa dirección, la escuela también aparece como una institución muy importante; ya que son los que suelen estar cuando la familia se desarma o se diluye. Eso no significa que madres y padres deban desentenderse de lo que les toca como responsabilidad, sino que simplemente, hay que reconocer que hay otros actores institucionales que pueden intervenir en el abordaje de los confilctos”.
Para cerrar, Raspall nos brindó una reflexión sobre la paradoja que implica la soledad de los adolescentes en un contexto globalizado de hiper conexión “Es una paradoja pero es real y los adolescentes no son los únicos que transitan este fenómeno. Podemos decir que estamos cada vez más comunicados pero incomunicados a la vez. Esto se debe a que, a pesar de que estamos conectados con muchas personas, cuando nos pasa algo realmente importante, ninguno de los cientos de miles de amigos que habitan las redes sociales son verdaderas personas con las cuales contar. Podes tener mil, dos mil o tres mil amigos en las comunidades virtuales pero cuando miras alrededor, en realidad no tenes a nadie. A los jóvenes les hace falta volver a ese contacto personal, a ese encuentro cara a cara”.



