El título de la «Crónica a Contraluz» es originalmente de autor madrileño. A una nariz es un soneto satírico escrito en el siglo XVII por Francisco de Quevedo parodiando la nariz de Luis de Góngora, de Córdoba, España. ¿Quiere el lector conocer el hermoso poema?
Érase un hombre a una nariz pegado,
érase una nariz superlativa,
érase una nariz sayón y escriba,
érase un peje espada muy barbado.
Era un reloj de sol mal encarado,
érase una alquitara pensativa,
érase un elefante boca arriba,
era Ovidio Nasón más narizado.
Érase un espolón de una galera,
érase una pirámide de Egipto,
las doce Tribus de narices era.
Érase un naricísimo infinito,
muchísimo nariz, nariz tan fiera
que en la cara de Anás fuera delito.
Debe decirse que el presente texto se pensó en primer término con el título «No tiene goyete», expresión famosa de entendimiento general, pero el espacio no es tanto y el tiempo tan preciado que no se veía adecuado detenerse en la etimología del concepto, así como referirse a las áreas donde se originó o se da el habla o abrirse al amplio panorama que facilita gollete.
El término además puede herir la sensibilidad de algún candidato de estos días a alguna cosa para cambiar la situación de manera provechosa. ¿Por qué no intentarlo?
Otro aspecto consiste en exponer la circunstancia que estimula el interés sobre el tópico. El motivo es el proceso propagandístico electoral que se viene dando en la comarca y la postura oficialista que ha puesto acento mayor en una eventual ley de rinoscopía para los funcionarios del Gobierno.
«Es momento de garantizar que, quienes ocupan cargos en el Estado, estén libres de drogas», dice el candidato y se zambulle con temeraria audacia en la biblioteca de la moral. Ni Heráclito («Todo fluye, somos, y no somos») pudo tanto.
Las «Crónicas a contraluz» hasta aquí publicadas hace ya un largo tiempo siempre fueron transfiguradas por la ficción. En esta oportunidad con margen de error, que todos tenemos, se elaboró una crónica con base periodística más ligada al presente sociopolítico.
En la confianza de la precisión y la aspiración de que el mensaje, que lo hay, resulte claro, se avanza en «A una nariz».
El diario La Nación del 27 de enero de 1997 titula: No habría quórom para una rinoscopía en el Congreso. La información se actualizó el 28 de junio de 2020.
Transcripción: «Nunca cayó bien en el Congreso la idea de someter a funcionarios a un exámen médico por consumo de drogas. Desde el pedido de una rinoscopía… para todos los hombres de Gobierno hasta las controvertidas declaraciones… denunciando ‘narigetazos’ de cocaína presuntamente protagonizados por algunos diputados, todos fueron traspiés y pura polémica. Pero nada hubo en concreto. Ni pruebas ni exámenes psíquicos».
Proyectos posteriores también tuvieron como destino el fracaso dice La Nación en 2020.
El Diputado del momento decía: «La lucha contra el narcotráfico debe ser integral y quienes deben encabezarla tienen que contar como requisito insoslayable la autoridad moral que convoque al conjunto de la sociedad».
Por supuesto nadie daba cinco centavos por la iniciativa.
Al respecto se citan otras afirmaciones: «Será difícil que un proyecto de esta naturaleza sea aprobado, porque da la impresión de que se pone bajo sospecha a todos los políticos; la idea de rechazar o de aceptar a un legislador por su conducta o por su idoneidad ya está contemplada en la Constitución cuando habla de los deberes y requisitos de los funcionarios».
Las ideas vertidas son variopintas, a saber: «Al narcotráfico hay que combatirlo desde la dirigencia y no poniendo en dudas a los dirigentes»; inútil proyecto, «no abarca el control de otras adicciones como el alcoholismo que, a veces, es más grave que cierto tipo de drogas». «Constituye una maniobra distraccionista… busca confundir a la gente». El proyecto «traspasa los límites legales permitidos para entrar en la vida privada de una persona».
Una solitaria postura de origen santafesino defendió «fervorosamente» la instrumentación de un mecanismo que controle el estado de drogadependencia de un legislador o funcionario en general.
«No debemos quedarnos solamente con la nariz, lo que más conmociona son los ladrones públicos». Todo indica que el Parlamento actuará de manera corporativa y que el proyecto quedará en algún cajón escribía el periodista.
Un legislador muy suelto de cuerpo aclaró que el tema no afecta a los legisladores, sino a unos pocos empleados de la Biblioteca del Congreso y se comprometió a investigar «a fondo». También lamentó que los empleados involucrados sigan trabajando.
En La Política online de noviembre de 2013 el título de la nota es «Chubut. Buzzi pidió una rinoscopía a sus funcionarios para saber ‘sus adicciones».
«Hay que poner la cara, pero también la nariz y la sangre», como política contra el narcotráfico. Si bien el examen era voluntario quien no lo hiciese debía «tomar otro camino», porque «…los funcionarios tienen que marcar una postura», por otro lado, se remarcaba que quienes toman decisiones son demandados de responsabilidad.
El Gobernador entendía que drogarse vincula con la ilegalidad y desde la política debe manifestarse el lado de que se está.
El obispo de Comodoro Rivadavia estaba al tanto de las acciones del Gobernador como por ejemplo el tratamiento de los adictos; por último se reconocía que «las lecturas de esta decisión serán polémicas porque roza las libertades individuales».
En 2014 el diario La capital de Rosario informaba que el control de drogas a funcionarios generó repercusiones y polémicas. Ocurría que el Concejo de Capitán Bermúdez reflotó una norma de 2001 que fijaba que los miembros del gobierno local (autoridades municipales y ediles) deben hacerse rinoscopias.
El Intendente comunicaba que el lunes se hacía la rinoscopia.
El Secretario de Seguridad a nivel nacional acompañaba señalando «la enorme responsabilidad» que les cabe en la toma de decisiones políticas…».
En 2001 como en 2014 «… en aquella oportunidad -la norma- se aprobó en medio de rumores de que había funcionarios que consumían drogas. Efectivamente estuvo en vigencia durante un par de años y todos los estudios siempre dieron negativo, pero después, por una cuestión de uso y costumbre, se dejó de aplicar». Creemos que el tema debió recrudecer por eso se volvió sobre lo mismo. ¿Dentro del Municipio de la comarca hay funcionarios adictos?
El Intendente reconoció que la ordenanza «tiene algún viso de inconstitucionalidad porque roza la intimidad de las personas, pero consideramos que los funcionarios tenemos la obligación de dar el ejemplo. Esta norma se sancionó más bien desde la condena pública que por su peso en sí».
Proyectos truncos de esta índole hubo en varias ciudades argentinas.
El exministro de Salud provincial, Miguel Ángel Cappiello (nac.1955), quien consideró que «no por hacerle una rinoscopia a los funcionarios se va a resolver el problema del consumo de drogas. Hay que controlar que no ingrese la droga, dar mucha educación y evitar que se venda».
«No sé por qué lo han hecho, pero yo jamás haría un proyecto de esta naturaleza si no tuviera certeza de un paciente y ante la orden de un juez que permita hacerle una rinoscopia», señaló el edil socialista. «No apoyaría una medida de este tipo y mucho menos permitiría que me la hagan a mí, más allá de si soy o no adicto, porque es parte de mi privacidad», acotó.
Por lo pronto, ¿el debate está abierto? ¿es así, que con una rinoscopía se termina la doble moral de nuestros gobernantes?
A modo de cierre.
El autor de «A una nariz» no conoce a ciencia cierta los golletes que atraviesan a los demás, pero la campaña electoral, puntualmente la oficialista, puesta en marcha en la comarca por hombres y mujeres que ansían tener una banca en el Concejo Municipal ocupa y preocupa por los modos y oportunidades en que se ponen a circular determinados golletes.



