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La otra mirada

En el auto de Thelma y Louise

Publicado el

- 03:11 am

Última actualización: 09 de Marzo de 2020 - 09:24 pm

D. Camusso

«Bueno, no estamos en el fin del mundo, pero desde aquí se ve…» Susan Sarandon (Louise) a Geena Davis (Thelma) en «Thelma & Louise», película estadounidense de 1991, ideada y escrita por Callie Khouri, y dirigida por Ridley Scott.
Nosotros estamos en el asiento de atrás, pero en lugar de estar convencidos, como las protagonistas de la película, que vamos camino hacia la libertad, en realidad solo vamos directo al precipicio. Es la sensación que tuve después de ese fatídico tercer gol. Pero, ¿qué nos pasó? Si cuando volvió el fútbol, justo un mes atrás, ganamos 2 a 0 como locales en un partido interesante y nos ilusionamos, al menos yo lo hice, con una segunda etapa de torneo que nos mantuviera en carrera por un lugar en la definición. Pero después sufrimos el atraco arbitral en Tigre, una derrota dolorosa como locales ante Defensores de Belgrano, un empate en Quilmes y el bochorno del sábado. Sacamos un punto de doce posibles, pero lo más preocupante es la pérdida de identidad, de confianza y optimismo del equipo.
Este sábado comenzamos bien y los delanteros dispusieron de un par de situaciones muy claras que no pudieron concretar, pero en el primer error defensivo, de los muchos que se cometieron, sobrevino un penal que terminó en gol. Fue el comienzo del vuelo en el auto con Louise al volante. Desangelado, el equipo deambuló sin norte ni fe, sin un líder, ni siquiera un Brancaleone dispuesto a todo con tal de arrebatarles el Santo Grial a los templarios de Pozo. El comentarista de una radio aseguró, apenas terminado el partido, que a Atlético le hacen falta tres o cuatro tipos «qué-ha-blen». Reivindicó la terapia cara a cara, encerrados en el vestuario. Charla, gritos, piñas si hacen falta, y listo. «Y si no hay jugadores que lo puedan hacer, que este equipo tiene tipos con experiencia, lo debe hacer el entrenador», sostuvo con énfasis en el final del análisis.
Ahora lo más fácil es expresar que «yo dije desde el principio que este plantel era un desastre, que hay jugadores que están de vuelta, porque si no fuera así no hubiesen venido». Como leí en un par de lugares. El famoso diario del lunes. Este por ejemplo, en el que yo podría suscribir eso. Pero no, siempre sostuve que este plantel, flaco y sin brillos, estaba en condiciones de dar más de lo que conseguía. Y que veía bien el trabajo de un cuerpo técnico que tiene como eje a un entrenador, Otta, que podía darle al club un proyecto que ofreciera frutos en el corto plazo. Pero algo pasó en estas fechas con la contención. Olvídese de Tigre por razones obvias. En los otros tres partidos se generaron situaciones de gol y, aún con los dos número nueve en desgracia, se convirtió un tanto por partido. Pero en todos la defensa conspiró. Facilitó goles de manera casi amateur, con el agregado que fueron sufridos en momentos claves. Haga memoria.
Fiel al constante vaciamiento del contenido de ideas, escucho a un «comentarista» decir que el equipo no tiene rebeldía, ni aguante. Y lo que yo creo que no tiene es funcionamiento defensivo. Y que debe varias materias en «definición de jugadas-pases a la red». Yo no quiero jugadores que se tiren al piso y peguen patadas cuando se pierde. Quiero que tengan el valor de sostener sus ideas y busquen alternativas desde el juego. Como hizo este sábado, aún sin jugar bien, Junior Mendietta. El resto directamente jugó mal, en algunos casos muy mal, o simplemente no jugaron.
¿Quiere buscar culpables? Dele, le doy mi parecer. Reitero lo del plantel, que es correcto para lo que Atlético dispone sin suicidarse económicamente. Entonces los dirigentes salen del análisis. El entrenador es el responsable del funcionamiento en el conjunto de partidos, y evidentemente fracasa en el punto central por el que se lo contrató: no consigue que el equipo defienda. Pero los responsables centrales de la debacle del sábado fueron los jugadores, que se pasearon por la cancha como espectros sin alma y fueron goleados por un conjunto mediocre que le hizo cinco goles en siete llegadas.
Al término del partido el entrenador no habló y volaron los fantasmas. Atlético no necesita renuncias, ni peleas ni siquiera declaraciones sosas o altisonantes. Lo que necesita es que cada uno ponga algunas horas la cabeza en la heladera y luego entienda que estamos frente al precipicio con el pie en el acelerador. Si el piloto estornuda y lo aprieta solo un poquito, nos vamos al fondo. Porque no estamos en el fin del mundo, pero en cada gol en contra de este sábado, le juro que yo lo vi.
Así estamos nosotros, los que vamos en el asiento de atrás. Tarareando Bella Ciao, el clásico canto de resistencia de los partisanos italianos en la Segunda Guerra Mundial, solo porque muchos lo descubrieron en la serie La Casa de Papel, en Netflix, y se les pegó. Más allá de algunos insultos del final, la gente soportó el sacudón tal vez porque estamos acostumbrados a ellos, o simplemente porque somos así. En otro lugar este resultado, sumado a las últimas actuaciones, sacaban al entrenador. Así que algo de crédito le queda a este equipo. Pero esto es fútbol. El reino de la histeria, el panquequismo y el exitismo. O sea que el crédito es un bien escaso. Ojalá puedan valorarlo y valerse de él.

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