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Revista El Óvalo

Héctor «Nene» Zaffrea

Publicado el

- 02:03 am

Última actualización: 13 de Febrero de 2020 - 10:23 pm

Hoy evocamos el nombre de este grandioso piloto que logró su eterno reconocimiento por erigir una figura destacada en el motociclismo tierrero.

Dario Compagnucci – En esta publicación de El Óvalo, le rindo homenaje a quien fue uno de los pilotos más representativos del motociclismo en óvalos de tierra de nuestra zona y del país. Me refiero a Héctor «Nene» Zaffrea, quien perdiera la vida en un accidente automovilístico hace ya 23 años.
Héctor nació en Tacural el 30 de marzo de 1948. Su comienzo en dicha disciplina fue por el año 1960 con sólo 12 años de edad, siguiendo los pasos de su hermano mayor, Amílcar «Negro» Zaffrea. En esa oportunidad, hizo su debut en la localidad de Colonia Aldao con un Cucciolo, finalizando en el segundo puesto detrás del «Ingeniero» Gerardo Albizu. Emocionado tras obtener este resultado en su debut, comenzó a participar asiduamente en distintas competencias. Pasados unos años, obtuvo su primer triunfo por el Campeonato fiscalizado por la Asociación Santafesina de Motociclismo, en la localidad de Cululú, al mando de una Tehuelche.
En el año 1967 se consagró campeón de la categoría 100cc. En la temporada siguiente, en una carrera disputada el 20 de octubre de 1968, con 20 años, obtuvo en 100cc su primer triunfo en Gálvez. Luego de sufrir un accidente en una carrera que lo dejó fuera de las competencias por casi un año, se adjudicó los campeonatos de 1970 y 1971 en 100cc y de 125cc Estándar Exterior en 1971. Ganó consecutivamente de 1969 a 1972 la tradicional carrera de los «100 kms. de Bella Italia», llevada a cabo en la homónima localidad.
A raíz de sus innumerables triunfos y campeonatos, que fueron plasmados por las revistas especializadas de la época, Automundo y Corsa, logró un auge nacional, siendo un destacado del momento. El día de su cumpleaños en 1970, con un RF de 100cc, ganó la competencia en pista de asfalto en el Autódromo de la ciudad de Buenos Aires a grandes pilotos como Franco Incorvaia, Fernando «Peringa» Cerdera, «Willy» Pérez, Osvaldo Pereyra, y otros de renombre de aquellos tiempos. En el mismo torneo obtuvo varios terceros puestos que lo llevaron a encabezar parcialmente dicho campeonato, el cual luego abandonó por razones económicas y deportivas.
Hay un dato anecdótico a destacar, ya que pocas personas lo saben, es que en una competencia en la localidad de Felicia le salvó la vida al «Petiso» René Heidegger practicándole respiración boca a boca, luego de un fuerte accidente. En el año 1973 incursionó en el automovilismo, lo hizo con un Fórmula 4 –hoy Fórmula Renault–, con un chasis Tulia de Tulio Crespi y motor de Oreste Berta. En 1976 regresó al motociclismo. Al año siguiente comenzó a practicar Motocross, especialidad en la que obtuvo un triunfo en Brinkmann.
Con la inauguración del Certamen Argentino de Motociclismo en 1978, se postuló como protagonista con muchísimos logros que lo respaldaron. Pudo cumplir según lo prometido, ya que en el torneo siguiente se consagró campeón en 100cc con un RF a válvula rotativa. En 1981, alcanzó el subcampeonato de 200cc y el tercer puesto de la 100cc. Para quienes pudieron vivir su buena época, les resulta casi imposible olvidar sus duelos con Heidegger, Mattei, Fernández, Amoroso, Chinassi, Segovia, Delgado, Airasca, Boscarol, Zanatta, Salicrú, «Quico» González, Darder, entre otros.
Para finalizar esta nota, recordamos una anécdota contada por su amigo y colaborador, Aldo Yorda, en uno de los tantos homenajes que le realizaron: «En una carrera en Junín, un circuito que tenía una recta con grandes eucaliptos, Héctor estrenó un motor Fattorini de 200cc. En la final, faltando cuatro vueltas y habiéndole sacado media vuelta al segundo, abandonó la carrera, llegando hasta nosotros con la moto en marcha. Recuerdo que le pregunté si se había cansado, a lo que me contestó que no, y me dijo que él sentía que el motor vibraba y se iba a romper. ‘Andá y probala’ me dijo. Así fue que fui a un camino lateral a hacer una tirada, y nada. Cuando volví, me preguntó si lo había notado, a lo que le respondí que no percibí nada raro. Él me contestó otra vez que sí, que se iba a romper. El lunes desarmamos el motor para ver qué tenía, sacamos el cilindro y el pistón y no había nada fuera de lo normal, hasta que empezamos a revisar y encontramos en el pistón una fisura que arrancaba en el perno. Ahí comprendí la diferencia entre el piloto que acelera y piensa, y el piloto que acelera nada más».
Particularmente, quiero agradecer a Héctor Zaffrea hijo, que me suministró material, permitiéndome verificar la información con la que contaba, para poder escribir esta nota homenaje a su padre.

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