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Cultura

Los argentinos que pueden ganar una estatuilla

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En la recta final. Pablo Helman, junto a Leandro Estebecorena y Nelson Sepúlveda, compiten en la categoría Efectos visuales, por su trabajo en El irlandés.

Una vez más, el nombre del argentino Pablo Helman aparece en la lista de los nominados con alguna posibilidad de quedarse con una estatuilla de las más preciadas en el mundo del cine. Y lo hace acompañado de otros dos compatriotas. su compañero de oficina Leandro Estebecorena (El renacido), y Nelson Sepúlveda (Avengers: Infinity War), además del francés Stephane Grabli.
«Todos juntos supervisamos a los 500 artistas que trabajaron. Mi cargo es supervisor de efectos visuales. Ellos fueron supervisores asociados», explicó Helman al referirse a Estebecorena y Sepúlveda, durante una entrevista que brindó a Clarín en diciembre de 2019. Pero, ¿quién es este artista argentino dispuesto a hacer realidad ese dicho tan trillado que asegura que «la tercera es la vencida»?.
Según contó en alguna vieja entrevista, lo que Pablo Helman deseó hacer desde que tiene memoria fue dedicarse a la música. «Quería ser baterista», le contó en 2006 al Suplemento Radar, de Página 12. Por eso, apenas terminó el secundario puso rumbo a su sueño más preciado.
Primero fue el Conservatorio Manuel de Falla, después estudió musicoterapia, y a los 17 ya era parte del grupo Los Moros, un grupo de música romántica latina que tuvo su momento de gloria en los últimos ’70, y que nunca dejó de tocar. Con ellos, grabó cuatro discos y estuvo cinco años de gira.
Pero Helman quería más, y no sólo se trataba de una cuestión económica. Su ambición era hacer música de películas. «Era una cuestión de oportunidades, y en la Argentina no había una industria cinematográfica grande en la que pudiera trabajar. Pensé que si estudiaba y conseguía una licenciatura en composición en los estados Unidos me ayudaría. Incluso creí que quizás algún día volvería», contó en aquella misma entrevista. Y Ezeiza se convirtió entonces en un viaje de ida.

Sin embargo, ya instalado en los Estados Unidos, el destino lo llevó por otros caminos, no menos interesantes. Y para nada fáciles. Una licenciatura y un master en tecnología no fueron la llave que necesitaba para lograr hacerse un espacio como compositor de bandas sonoras, y su tarea como docente de tercer grado fue el medio para pagar sus cuentas.
«Durante tres años fui maestro de tercer grado, y al mismo tiempo enseñaba y escribía música para la televisión educativa. Hasta que en un canal de TV de Los Angeles les gustó lo que yo hacía como músico para documentales y me ofrecieron un trabajo de compaginador por computadoras: recién se empezaba a trabajar con estas tecnologías», resumió Helman al suplemento cultural de Página 12, casi 14 años atrás.
De ahí a trabajar en efectos visuales para la serie Viaje a las estrellas: Nueva Generación fue sólo cuestión de tiempo, y de perseverancia. Y mientras miraba, con el deseo de quien quiere alcanzar la cima más alta, hacia la factoría ILM (Industrial Light & Magic), del célebre George Lucas, hacía su aporte de talento a la realización de Apolo 13.
Lo que siguió fue un trabajo para Día de la independencia, y un almuerzo con Dennis Muren, una de las leyendas del rubro FX, derivó, un par de años después, en su desembarco en ILM. Una plataforma que lo puso a jugar en las grandes ligas.
Hombres de Negro, Jurassic Park, Terminator 3, Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal y Rescatando al soldado Ryan son algunos de los títulos que jalonan el frondoso Currículum Vitae de Helman. Y entre ellos, Star Wars: Episodio II – El ataque de los clones (2003), y La guerra de los mundos (2006), ambas, nominadas al Oscar por Mejores efectos visuales. La primera perdió contra El señor de los anillos: las dos torres, la segunda, contra King Kong.
Ahora, a sus 60 años, Helman, junto a Estebecorena, director técnico de efectos especiales de ILM, y Sepúlveda, va nuevamente por la estatuilla, como responsable de los efectos visuales de El irlandés, y de esa maravillosa transformación de esa maravillosa transformación, por la cual Robert De Niro tiene 24, 36, 41 años, y más, y Al Pacino, 44, 47 y sigue subiendo, en el filme de Martin Scorsese.
Para el artista argentino, El irlandés representó cuatro años de trabajo. «Empecé a trabajar en el año 2015, pero del 2015 al 2017 fue que se aceptó el test -una prueba con De Niro según las condiciones que ponía el actor, que abrió la puerta para seguir adelante- que hicimos. Nos tomó dos años escribir los programas de computación para que pudiéramos capturar la actuación sin marcadores. Y también tuvimos que diseñar tres cámaras para capturar la película. El programa digital toma la información que viene de esas tres cámaras y construye una rendición de computación, basada en la luz y en la textura. Es como si fuera una cosa de la NASA…», explicó Helman a Clarín en la entrevista publicada en diciembre de 2019, en la cual desmenuzó con lujo de detalles su fantástica tarea.
Ahora, con las cartas sobre la mesa, sólo queda esperar al 9 de febrero, para saber si se cumple el dicho, y ver sobre el escenario del Dolby Theatre de Los Ángeles a Helman y sus socios creativos argentinos, con el premio mayor en sus manos.

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