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Deportes

Historia de los memorables motores Cucciolo

Publicado el

- 02:39 am

Última actualización: 23 de Enero de 2020 - 10:43 pm

Hoy traemos al presente algo de la rica historia que escribieron estos impulsores que tantas satisfacciones dieron en los inicios de nuestro motociclismo local.

Darío Compagnucci. Pocos años después de finalizada la Segunda Guerra Mundial, aparecieron en Argentina los Cucciolos, traídos por Mario Franchini (Buenos Aires) –representante exclusivo en el país–. Estos motores de 4 tiempos y 48 centímetros cúbicos de cilindrada eran fabricados por por Siata – Ducati de Italia y su nombre era «Cucciolo», o sea, «Cachorro». De fácil instalación, los mismos estaban destinados para aplicar en bicicletas de rodados de 26 y 28 pulgadas, siendo capaces de recorrer 100 kilómetros con 1 litro de nafta.
Rafaela no fue la excepción y aquí llegaron, primero para uso utilitario y pronto ingresaron al mundo de la competición.

Primeros pilotos y preparadores locales

A principios de los años ’50 eran muchos los aficionados en Rafaela que corrían y preparaban sus máquinas. Al número inicial de participantes se iban sumando en constante renovación por lo que las carreras eran cada vez más reñidas.
Los primeros corredores que se destacaron en la categoría fueron Jorge «Nene» Ternengo, Epifanio Sánchez, Obdulio Rivas, Aldo y Manlio Romitelli, Antonio Castillo, Rubén Cattera, Carlos Bauducco, Héctor Beldoménico y Oreste Berta.
También algunos preparadores como Aldo Romitelli, Rogelio Vittori, Heriberto Nocete, Enrique Muzzio, Fulvio Avalis y Antonio Castillo, con gran ingenio comenzaron a realizar reformas, algunos de ellos construyeron árboles de levas a la cabeza. El que llegó más lejos fue Oreste Berta, quien fabricó un doble árbol de levas a la cabeza y tipo desmodrómico (también utilizado por Ducati en sus motores).
Con el correr del tiempo los cuadros de bicicletas fueron reemplazados por chasis artesanales, sumándose mejoras a los motores, llegando a sobrepasar los 100 km/h. en recta.

Carreras por Rafaela y zona

Las carreras eran organizadas por el Club Atlético Ciclista Rafaelino, el Club Atlético Independiente de Rafaela, el Club 9 de Julio de Rafaela, el Parque Balneario Municipal y en localidades vecinas a la localidad. También se competía en las ciudades de Santa Fe, Rosario y Buenos Aires, donde los pilotos rafaelinos tenían gran protagonismo, ocupando luego algunas tapas de diarios y revistas especializadas.

Preparación artesanal

Para esta oportunidad obtuvimos el testimonio de un piloto y preparador de la época: Antonio «Cacho» Castillo, y con sus anécdotas nos metimos en lo que tiene que ver con la preparación. En ese punto comenzó a relatar que necesitaban baterías más potentes y utilizaban las pilas negras de los teléfonos atadas con cinta al chasis y bobina de encendido de autos. Para poder sacarles velocidad se trabajaba muchísimo, teniendo en cuenta los escasos elementos con los que se contaba. El reglamento en ese momento dictaminaba que tenían que ser Estándar Exterior y Libre dentro, entonces, -por ejemplo- los carburadores eran originales pero se agrandaban y embujaban en bronce.
«Hacíamos las tapas y los cilindros de aluminio. Como la fundición de aquel momento era rudimentaria y los materiales que se conseguían eran pistones viejos de auto o cacerolas, las piezas fundidas quedaban porosas, entonces había mucho trabajo artesanal para resolver en el taller. Nosotros fundíamos un toco de aluminio dentro de un caño y lo prensábamos en caliente para que no quedara aire, después rogábamos que cuando se empezara a maquinar la pieza no aparecieran poros, porque entonces deberíamos descartarla (calentaría mucho en marcha). Los cilindros podíamos usarlos igual con poros ya que se encamisaban, las aletas las hacíamos a torno. A los pistones semiterminados los teníamos que tornear para llevar a 40 mm. y después alivianarlos en la parte interior, además se les tenían que rellenar las cabezas. Para llevarlos de 50 centímetros cúbicos –originales– a 58, le alargábamos la carrera desplazando el muñón 3 milímetros, por lo que para hacer un cigüeñal nuevo conseguíamos trozos de acero; dos veces corté las puntas de cigüeñales apenas puse en marcha el Cucciolo, por lo que debimos hacer los siguientes de hierro. Para que no se gire en el muñón, lo clavaba y le daba puntos de soldadura y además se le hacía un muñón escalonado. Al darle más carrera, había que sacar material del cárter en la parte inferior para que no toque el ojo de la biela. Cuando decimos que era ‘todo artesanal’, era todo artesanal».

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