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La otra mirada

El médico que salvó a D10s

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Tenía 28 años y era su cuarto día de trabajo en el Policlínico La Barra cuando recibió el llamado de Guillermo Coppola, alterado por la salud de Maradona. En una entrevista concedida al diario El País, de Uruguay, recuerda y detalla lo ocurrido veinte años atrás.

«Doctor, hay alguien del otro lado del teléfono que está pidiendo que le prestemos un aparato para medir la presión», dice la enfermera con cara de sorpresa. «Hola, soy el doctor Romero. ¿Me puede contar lo que pasa?». La respuesta que le dieron no podía ser más inesperada. «Acá, Guillermo Coppola. Estoy con Diego Maradona, que duerme hace dos días. No logramos que se despierte». «Pero si está así desde hace dos días, entonces no está durmiendo, está en coma». Pasaron 20 años, pero el médico Jorge Romero todavía recuerda en detalle la llamada que recibió en el Policlínico La Barra, de Uruguay.
El calendario marcaba 4 de enero de 2000. El médico de 28 años se había recibido un mes antes, «En realidad menos: me firmaron el título el 16 de diciembre», remarca, y era su cuarto día de trabajo en esa salita cercana a Punta del Este. Es más, después de haber dejado su Montevideo natal, no había conseguido dónde quedarse. «Dormía en el piso del Policlínico, era mi primera semana allí y esperaba trabajar muchas horas para sumar dinero y poder alquilarme algo», recuerda.
«Todo ocurrió alrededor de la una de la tarde», le relató tiempo atrás el médico uruguayo al periódico El País. «Era imposible que le pudiera prestar cualquier aparato, pero la situación era muy extraña, y además ¡era Maradona!», así que el médico decidió subirse a su destartalada Mehari para dirigirse a José Ignacio, donde se encontraba alojado el ex capitán albiceleste, en la chacra del empresario argentino Pablo Cosentino.
«Cuando llegué me hicieron pasar enseguida a una casa que no era la principal de la estancia. La imagen era desoladora. Me encontré a un hombre muriendo, en estado de coma, tirado en un sillón y rodeado de personas que no tenían mucha idea de lo que había que hacer. Se notaba que Diego no había estado ahí, sino que lo habían puesto antes de que yo llegara. Todo era raro», relató Romero. «Al lado había una persona durmiendo. Guillermo lo despertó para que se corriera, y yo revisé a Diego. Tenía una crisis hipertensiva y una arritmia ventricular. Además, dejaba de respirar durante lapsos de cinco o seis segundos. Estaba muy grave en serio. ¡Se estaba muriendo!».
Ahí comenzó una especie de negociación con Coppola, quien se negaba terminantemente a que Diego fuera internado. «La prensa es muy difícil, por lo que Maradona vive o muere con vos», le advirtió el representante. «Lo dijo medio en chiste, y medio en serio…», aseguró el médico, que después de una conversación áspera pudo convencerlo de que era indispensable trasladarlo. «Si no lo internábamos, se moría en unas horas. Tampoco podíamos esperar una ambulancia porque iba a tardar mucho, y no teníamos tiempo».
Su poca experiencia como médico alimentaba la incredulidad de Romero, casi tanto como la inesperada circunstancia de que allí, agonizando, se encontraba el hombre más famoso del mundo… «Yo no podía creer lo que estaba pasando. Habitualmente en esas circunstancias le hago firmar un papel que dice que se hacen cargo y me voy. Pero pensé que los medios titularían: ‘Maradona fallece por joven médico…’. Y entonces, me quedé». Maradona, Coppola y Romero se trasladaron al hospital en una camioneta Range Rover, luego de que otras dos personas ayudaran a subir al vehículo al exjugador, que por aquel entonces tenía un importante sobrepeso, todavía inconsciente. «Pero cuando subimos a la camioneta, uno desapareció», recordó el médico, extrañado. El empresario iba al volante, en el asiento del acompañante se ubicó un colaborador; y atrás, el médico y su célebre paciente. «Yo tenía el ambo puesto y Guillermo me pidió que me sacara la camisa para no llamar la atención. Así que me tuve que quedar en cuero mientras seguía controlando a Maradona y llamaba a mi jefe para advertirle que estábamos camino al Sanatorio Cantegril, y pedirle que nos esperaran con una camilla».
En medio del trayecto de unos 30 kilómetros, el empresario volvió a tener una actitud por descolocó al médico: se detuvo a cargar nafta. «Diego estaba inconsciente, muriéndose, y Coppola nos tuvo 15 minutos parados en una estación de servicio».
Romero niega haberle practicado masaje cardíaco o respiración boca a boca durante el viaje. «Le practiqué algunas maniobras para mantener la vía aérea despejada, para que pudiera respirar. Maradona presentó varias pausas apneicas porque su sistema respiratorio dejaba de actuar. En total fueron unos 40 minutos, pero para mí fue como si fuera un siglo. En todo momento pensé que si Maradona moría en esas condiciones mi carrera médica terminaba».
«Cuando llegamos al sanatorio todos estaban esperando con una sonrisa. ¡Nadie tenía noción de la gravedad de la situación!», recordó Romero. «¡Traigan una camilla ya!», exigió totalmente alarmado. «Ah, ¿es para tanto?», se sorprendió el jefe de la institución en la que quedó internado Maradona en la unidad cuidados intensivos, donde lo atendió «el mejor cardiólogo», según sostiene Romero.
Una vez que se hizo pública la noticia, comenzó el asedio periodístico para el joven médico, quien también debió presentarse a declarar en la Justicia por una causa que se abrió después de que se encontrara droga en el organismo de Maradona. Los análisis arrojaron que había clorhidrato de cocaína en sangre y orina del exfutbolista. Además, se supo que el consumo de droga había generado la crisis de hipertensión arterial y la arritmia ventricular.
«Diego está un poco fastidioso porque se quiere ir, pide de comer y por suerte se lo ve físicamente deshinchado. Todos esos son buenos síntomas» -le decía Coppola a la prensa, intentando minimizar la situación, y justo antes de ingresar al departamento de policía para prestar declaración- «lo que sucede es que por las fiestas comió muchos asados, hizo desarreglos, y como además está excedido de peso, tuvo este pico de hipertensión», aseguraba con su desenfado habitual.
Romero estuvo seis horas relatando lo que vivió aquel día, ya que los efectivos sospechaban que en la chacra hubo alguien que entregó las drogas, porque en el avión que trasladó a Maradona a Punta del Este no se encontraron estupefacientes: «Yo les dije lo que había visto: lo que pasó fue en otro lado porque el lugar en el que encontré a Diego estaba limpio. Por eso digo que lo habían puesto ahí antes de que yo llegara».
Tras su declaración, Romero fue sometido a una ronda de reconocimiento en la cual advirtió la presencia de Coppola, los dos hombres que estaban en la chacra, pero afirmó: «Falta uno». «¿Cómo que falta uno?», quisieron saber las autoridades. «Sí, el que estaba durmiendo al lado cuando yo llegué», precisó el profesional. El médico se refería al publicista argentino Carlos Ferro Viera, que luego fuera señalado como el responsable de haber suministrado la droga a Maradona durante las fiestas. En el mismo momento en que el exfutbolista estaba siendo internado, el empresario abandonaba Uruguay en un vuelo privado desde Laguna del Sauce.
Como en sus declaraciones, el representante de Maradona y las demás personas que estuvieron en la chacra durante aquellos días de excesos, omitieron revelar la presencia de Ferro Viera, fueron procesados por la Justicia uruguaya por falso testimonio.
Con Diego a cargo de los médicos del Sanatorio Cantegril, Romero volvió a su trabajo en el Policlínico de La Barra, que por esos días también era su hogar. Esa misma semana pidió un crédito bancario para alquilar una casa. «Yo seguía durmiendo en el piso del sanatorio. Lo único que me importaba era hacer plata esa primera semana para poder alquilarme un techo. Y el hostigamiento de la prensa me estaba distrayendo. Me llamaron de todos los canales deportivos de Argentina y hasta de Italia. Yo soy bajo perfil, no me gusta el show, y lo último que quería era prestarme a eso. Era insoportable».
Y entonces tomó distancia. «No iba a ver a Diego porque tenía que trabajar. Además, estaba muy grave. Salía en todos lados, no había manera de que no me enterara de cómo estaba». Romero fue a visitarlo apenas una vez al Cantegril, cuando Maradona salió del estado de sedación. «Estaba totalmente ido, pero sentía que mi trabajo no estaba terminado si no le decía, ‘Mira Diego, así te morís'».
Cerca del 20 de enero Maradona fue trasladado a Buenos Aires, y poco después siguió su tratamiento de rehabilitación en Cuba. «Recién ahí mi vida volvió a la normalidad», describe Romero, casi repitiendo el suspiro que emitió por aquellos días.

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