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La otra mirada

Adiós al hombre que es himno de tribuna

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A los noventa y dos años falleció, en la mañana del viernes, Juan José Pizzutti, el hacedor de aquel Racing campeón Intercontinental en 1967, un equipo recordado por sus títulos, pero también por la propuesta de su juego.

«Pizzutti era un señor mayor que solo se hacía visible cuando abandonaba el pozo donde se sentaban los directores técnicos. Tenía un rostro sereno e inexpresivo. Pero el canto de guerra de la hinchada se refería a él. «Y ya lo veeee, y ya lo veeee… es el equipo de Joséééé…» Ese fue el hombre que me hizo feliz a los 10 años». Hugo Asch, periodista, hincha de Racing…

Aquel 4 de noviembre de 1967, apenas la pelota terminó su vuelo fenomenal en el arco del Celtic, en el mítico estadio Centenario de Montevideo, el Chango Cárdenas corrió para abrazarse con el hombre calmo que lo esperaba a un costado del banco de suplentes con los brazos abiertos. Entonces el goleador y el estratega fueron uno solo mientras el mundo Racing estallaba de felicidad y Argentina toda sentía que por fin su fútbol era campeón mundial, aunque el título dijera Copa Intercontinental. Juan José Pizzutti fue el hombre que poco después de retirarse como futbolista armó ese equipo que tuvo un invicto de 39 partidos, ganó el torneo de 1966 y la Copa Libertadores que le permitió llegar a la definición ante el conjunto escocés. Un Racing histórico e inolvidable por resultados y por juego, con una formación que se recitaba de memoria y casi sin respirar, Cejas Perfumo y Díaz Martín Mori y Basile Martinoli Rulli Cárdenas J J Rodríguez y Maschio.
Quienes lo seguían y analizaban, aseguran que el Racing de Pizzutti era un vendaval por dos razones fundamentales. La primera, todos iban al ataque porque abajo quedaba Perfumo, con el auxilio de Martín, que volvía por derecha, Mori en la mitad y Rulli, que jugaba de tres pulmones. Perfumo sostenía todo, mientras el Panadero y Basile corrían hasta el área rival, esperando los centros de Martinoli, el wing derecho, o las pelotas cruzadas de Maschio. Además, estaba Cejas, un arquerazo. Pero Perfumo era la principal razón de la agresividad académica. Simplemente porque Perfumo era un crack. La segunda razón se cuenta desde la picardía de «El Pulpa» Etchamendi, un técnico uruguayo muy ocurrente en sus frases que aseguraba que el tema pasaba por la situación personal de su colega. «¿Saben por qué Pizzutti juega mandando todo el equipo al ataque? ¡Porque es soltero, viejo! ¡Y si pierde y lo echan no pasa nada!».
Pizzuti, que nació en el barrio de Barracas, en Buenos Aires, el 9 de mayo de 1927, se inició en Banfield en 1946. En El Taladro fue goleador en 1949 con 27 goles, lo que despertó el interés de River. Pero su poder de gol se durmió hasta que llegó a Racing en 1952, cuando debutó ante Platense. En el club de Avellaneda jugó 215 partidos y anotó 118 goles, lo que le alcanzó para ser el segundo goleador de la historia de la institución detrás de Evaristo Barrera (136 goles). Salió campeón con Racing en 1958 y 1961 y además integró la Selección en 12 partidos, con 4 goles. Su figura como futbolista tenía el brillo de las estrellas y lo despidieron como tal, sin imaginar que su regreso al club como entrenador lo terminaría por transformar en figura mítica.
Después de los años dorados de 1949, 1950 y 1951, aquellos de la triple corona, de los goles de Boyé, del talento de «Tucho» Méndez, de la eficiencia de Rubén Bravo, de la solidez de Fonda, de Rastelli y de Gutiérrez, de la seguridad de Antonio Rodríguez, en el arco, y de Higinio García y García Pérez, en la zaga, no hubo que aguardar tanto para dar otra vuelta olímpica. En 1958 y en 1961 se sucedieron dos campeonatos memorables, con jugadores inolvidables como Corbatta, Pizzutti, Manfredini, Sosa, Belén, Sacchi, Anido o Murúa le dieron lustre a una época en que la «Guardia Imperial», esa fiel hinchada de la «Academia», se había acostumbrado a festejar. Pero vinieron algunos tiempos de sinsabores, al punto que tuvieron que convocar a Pizzutti en un momento en donde parecía que el descenso sería su destino. Y en poco tiempo, el goleador transformado en estratega, no solo lo salvó de pasar momentos tristes sino que lo llevó hasta la gloria del título máximo.

«Cuando fuimos a Escocia nadie creía en nosotros. Yo había visto al Celtic frente a Peñarol y sabía que era un gran equipo. Allá nos superaron claramente, pero al final ganaron de casualidad. Porque si Rodríguez hace ese gol que se perdió sobre la hora, los comentarios hubiesen sido distintos. Después del triunfo en Buenos Aires estaba seguro que la Copa sería nuestra. Lo que más me lastimó en la final fue la hostilidad del público uruguayo. Si bien nosotros habíamos eliminado a Nacional, en ese momento representábamos al continente. Era mucho lo que se jugaba y los nervios tuvieron un papel importante. De todas maneras Racing supo remontar todas las presiones, y la satisfacción del primer campeonato del mundo era mucho más de lo que podía haber soñado un par de años antes, cuando siguiendo el fuego sagrado del fútbol me había iniciado como técnico en Chacarita. La tarde de Montevideo y aquel golazo de Cárdenas se me grabaron como recuerdos inolvidables», le dijo a la revista El Gráfico sobre aquella serie inolvidable.
En agosto de 2012 fue distinguido en el Senado de la Nación al tiempo que Racing puso su estatua en los pasillos del Cilindro y fue designado Presidente Honorario del club.
«Pizzutti –dijo el periodista Hugo asch- estuvo en el momento perfecto, en el lugar indicado. Y fue muy original en su planteo. Años después, el estilo abierto de la Holanda de Cruyff fue bautizado como «el fútbol total». Era un equipo de cracks, bien entrenado y con infraestructura europea a su favor.Toda mi admiración para aquella máquina naranja. Pero la revolución la hizo José».

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