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La otra mirada

Líder de su vida

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Arquero que dejó su huella en nuestra zona, fundamentalmente en Atlético, hoy vive en España donde es Mentor Deportivo en su Escuela de Futbolistas Profesionales. Desde Trabada repasa su historia, que tiene al fútbol como eje.

Trabada es un pueblito de la provincia de Lugo, en Galicia pero pagado a Asturias, muy cercano al Golfo de Vizcaya en el Atlántico Norte, ubicada entre La Coruña y Oviedo. Un municipio que lucha contra la despoblación en una zona de paisajes de postales, con una decena de iglesias del siglo XVII. Y con la pasión por el fútbol latiendo en cada rincón. Tal vez eso atrajo al arquero que ya veía al arco desde fuera de la línea de cal. O simplemente el deseo de vivir en España. «Yo había viajado a Grecia con Estudiantes y después se dio esa gira maravillosa con Atlético por Italia, por el pase de Speedy González. Una experiencia increíble porque no era habitual que un club del ascenso y del interior vaya a jugar a Europa. Para mí fue un gran orgullo representar al club de ese modo. Todo lo que conocí allí me impresionó y sentía que vivir en alguno de esos países debía ser muy bueno. Entonces, cuando se me presentó la posibilidad de venir a España, aunque no fuera por motivos futbolísticos, no lo dudé», relata Andrés Raúl Noguera con la voz calma de siempre, pero con ese acento tan particular de la tierra que lo adoptó. «La verdad es que no me doy cuenta de mi forma de hablar, pero siempre alguien me lo menciona. A mi me parece que es un poco y un poco. Aquí me dicen que mantengo el acento argentino y por allá me dicen que parezco un español. Creo que lo que motiva la mención, más que el acento, son algunos términos que uso y que aquí son constantes en cualquier conversación. Pero ocurre que ya son casi quince años viviendo en España».
El hombre que marcó una huella en un sitio de la cancha que en Atlético se hizo el más importante, el arco, desembarcó sus sueños de fútbol a los catorce años en Racing. «Hice todas las divisiones inferiores allí, pero quedé libre cuando debía firmar mi primer contrato profesional y de golpe parecía que se me cerraban todas las puertas. Entonces mi primo, Adolfo Noguera, que jugaba en Tristán Suarez, me ayudó para que el club me sume como cuarto arquero. Estábamos en la C Metropolitana, trabajaba de día y entrenábamos de noche. Fue un año espectacular, por el aprendizaje, ya que una cosa son las inferiores y otra muy distinta la primera, sea de la categoría que sea, pero también porque a mitad de temporada me dieron la posibilidad de jugar y terminé como titular».

Pero no te quedaste…

«Es que en aquel tiempo llegar a Primera división desde la C era muy difícil, y mi sueño era jugar en Primera. Entonces decidí irme a Paraguay, sin conocer a nadie, a buscar mi oportunidad. Fue difícil al principio, pero finalmente tuve la chance en Cerro Corá, que recién había ascendido y me fue muy bien».

¿Allí te buscó Estudiantes?

«Sí, fue maravilloso. Recuerdo que apenas llegué fui a una reunión con Miguel Russo y Eduardo Luján Manera, era como estar en un sueño. Poco tiempo antes los veía por televisión, leía lo que hacían, y de golpe eran mis entrenadores. Además ese plantel era extraordinario, conformado por algunos futbolistas que ya eran figuras, y por otros que luego serían estrellas, como la ´Bujita´ Verón o Martín Palermo. Se consiguió volver a Primera cinco fechas antes de la finalización del torneo jugando bárbaro».

¿Te costó volver al fútbol argentino?

«No, el tema era ganarme un lugar, porque casi ni me conocían. Cuando llegué a La Plata, mucha gente creía que yo era paraguayo, es que había estado cuatro años en ese país».

Y un día te fuiste para Rafaela…

«Estuve tres temporadas en Estudiantes y el arquero titular era Chiquito Bosio, que era muy joven y había sido llamado al seleccionado cuando estábamos en el ascenso. Estaba en pleno crecimiento, entonces era muy difícil pensar en tener alguna posibilidad. Y surgió lo de Atlético, un club que estaba cada vez más fuerte, que ya conocía por haberlo enfrentado, entonces era un desafío muy bueno. Decidí aceptar la propuesta y acerté, porque tanto en lo personal como en lo deportivo, fue un paso adelante en mi vida. Me enamoré de la ciudad, de su gente, del club. Encontré un plantel con muchos chicos de Atlético que me hicieron sentir uno más desde el primer día…».

¿Por qué decidiste cambiar después del primer año?

«Cuando terminó esa temporada me fui con Jorge Ghiso al Deportivo Español, que tenía un gran proyecto que finalmente no se cumplió. Lo bueno fue que tuve la posibilidad de regresar a Rafaela por dos temporadas más. Todo ese tiempo fue muy bueno para mí, de un gran crecimiento. Estaba muy cómodo. Incluso tuve un paso por 9 de Julio. Me estaba haciendo la casa en Rafaela, es decir que ya había decidido quedarme a vivir allí. Pero apareció la posibilidad de España en 2005…».

¿Ese viaje cerró definitivamente tu vida como futbolista?

«En realidad ya había dejado de jugar unos ocho meses antes, después de haber pasado por Mandiyú de Corrientes. Todavía estaba en ese proceso de adaptación a la vida sin el fútbol. En todo caso fue simplemente certificar algo que ya estaba decidido».

¿Seguís a Atlético?

«Lo sigo permanentemente, me conecto con gente de allí, sé que el equipo anda por el sexto lugar en la tabla de un campeonato muy duro. No está lejos después de haber vivido distintas etapas, me da la sensación de que se está consolidando y todos esperamos que tras el receso aparezca la mejor versión del equipo. Por supuesto que todos lo que sentimos al club lo queremos ver más arriba, como gran protagonista del ascenso».

Uno de los equipos que Noguera conformó en Atlético.

¿Qué sentiste cuando supiste de su llegada a Primera?

«Fundamentalmente una enorme alegría. Nosotros fuimos parte de ese camino, cuando vos estás en un club como Atlético te sentís fuerte, protagonista. Sabía que alguna vez se daría, era lógico por la manera de trabajar. Y se dio de dos maneras distintas. Pero esos pasos ya lo ponen en la historia grande del fútbol».

En algún momento pudiste formar parte del equipo de trabajo de Gustavo Alfaro, ¿Qué te generó su llegada a Boca?

«En mi segundo año en Atlético hablamos con Gustavo sobre la posibilidad de que deje de jugar y me sume a su equipo, pero en ese momento yo tenía muchas ganar de seguir atajando. Me dio mucha emoción saber que lo contrataba nada menos que Boca. Gustavo es una gran persona, muy culta, y un entrenador muy preparado que ha ido evolucionando muchísimo. Su crecimiento fue ideal, es muy difícil llegar hasta ese sitio viniendo desde el interior y sin haber sido un futbolista reconocido. Para quienes lo conocemos, que esté donde está es lógico pero, insisto, muy difícil de lograr. Estoy en contacto con el grupo de trabajo cada vez que puedo, hablo mucho con Carlos González. Son los mismos de siempre, eso habla muy bien de ellos»

¿De qué se trata tu escuela de futbolistas profesionales?

«Es un emprendimiento particular pero que me mantiene siempre en contacto con los clubes cercanos. Se trata de trabajar con cada jugador, plantear sus objetivos, planificación y orden, porque la carrera del futbolista es muy corta y en general no se le dedica tiempo a planificar lo que hará ese hombre después del retiro. El día después es muy duro, porque de golpe ya no tenés que levantarte para ir a entrenar o ya no pensas en el próximo partido. Y esto ocurre después de haberlo hecho desde muy chico y cuando aún se es muy joven para la vida. Si no estás preparado para eso corres mucho riego. Lo que hacemos es preparar a los futbolistas en todos los órdenes, porque no se trata solo de entrar a una cancha y jugar. Y como el trabajo se puede hacer on line, entonces estoy en contacto con jugadores de Argentina y de distintos lugares del mundo a través de la computadora. Además entreno arqueros y un equipo zonal».

¿Estudiaste en Madrid?

«Sí, estuve capacitándome allí, en la Escuela Europea de Marketing y Negocios de Madrid».

¿Estar en Trabada no te deja muy lejos de Madrid o Barcelona?

«Pero esta es una zona muy futbolera, hay muchos clubes importantes por aquí. El Celta de Vigo, el Deportivo La Coruña, el Deportivo Lugo, el Sporting de Gijón, el Real Oviedo…La gente es muy apasionada, no tanto como los argentinos, tal vez algo más medidos, pero el futbol mueve a mucha gente por aquí».

¿Cómo estás hoy?

«Muy feliz, me siento pleno. Tomé decisiones arriesgadas, me jugué por mis sentimientos en todo sentido, y hoy recojo los frutos».

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