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La otra mirada

El Celeste Demediado

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«Se había salvado sólo una mitad, que por otra parte estaba perfectamente conservada, sin un rasguño, exceptuando el enorme desgarrón que lo había separado de la otra parte. Los médicos, satisfechos. ¡Uy, qué caso! Si no moría entretanto, hasta podían intentar salvarlo», Ítalo Calvino (1923-1985); de su novela ‘El vizconde demediado’; el sobrino habla sobre su tío, Medardo de Torralba, V (1952).
Acá no hay grieta. No es que Atlético esté en línea con el pensamiento binario que lamentablemente se impuso con fervor en Argentina. No hay pelea entre defensa y ataque. Simplemente que este equipo ataca bien a pesar de que, tal como dicen los especialistas, no tiene generación de juego en el medio. Pero defiende mal. Por momentos, que a veces se extienden por todo un partido, muy mal. Y entonces le generan mucho daño. Por ejemplo anoche, cuando un conjunto con muchas más sombras que brillos, hizo de Nereo Fernández una de las figuras. Y de la fortuna, un aliado. Es cierto que Walter Otta debió apelar a la imaginación para armar el mejor equipo posible ante algunas ausencias dolorosas. Pero también es real que las fallas a la hora de defender no fueron una excepción sino una continuidad alarmante que no encuentra solución a pesar de las variantes a las que apeló el entrenador. Atlético defiende mal. Es el tema que preocupa porque ahora el equipo parece haber encontrado una huella para conseguir resultados positivos. Sería una pena que no se pueda seguir en ella.
Empecé por la gran preocupación que me dejó la gran victoria ante Almagro para poder, ahora sí, festejar sin sentir ninguna culpa por tres puntos que nos llevan hacia arriba en la tabla. Otra victoria en casa. Sí, vas tres seguidas!!! Por fin. Es que el Monumental, ese templo sagrado para la feligresía celeste, ya se había convertido en una casa maldita. Ese estadio que nos hacía sentir orgullosos en tiempos de Liga porque tenía «túnel y tribuna de cemento como en los estadios de Buenos Aires». El mismo que despertaba angustias en entrenadores de la talla de Carlos Bianchi por las medidas del campo de juego, pero fundamentalmente porque en Alberdi éramos casi invencibles. El mismo que nos invitaba a ir sin miedo a ver partidos porque el equipo del momento siempre era protagonista sin importar el rival que tocara en suerte. Ese mismo, y desde hace unos cinco años, nos había dado la espalda. Bueno, este equipo, si algo tiene de que jactarse, es de estar cambiando la historia terminando con la maldición. No es poco.
Pero además, los tres puntos sumados a los que se consiguieron en este último tiempo, nos reposiciona en la tabla y nos deja en una posición expectante. Ahora habrá que tratar de conseguir puntos de visitante antes de enfrentar al puntero Sarmiento. Una etapa clave del torneo. ¿Se puede soñar? Seguro. El hincha de atlético, el seguidor de fútbol, es «argentino». Y como la pelota desata pasiones, se para aún más allá de los extremos. Hace quince días decíamos que estos jugadores eran «horribles» Ahora aseguramos que en un par de fechas vamos a ser candidatos al ascenso. Vivimos en una montaña rusa. Nosotros y el equipo. En todo caso, lo que le pasa al equipo estalla en la tribuna. Aunque todavía sean pocos los que van al estadio. Cuando atacamos todos sonreímos e hinchamos el pecho. Pero cuando se nos vienen, el Monumental no vibra. Tiembla.
«Una mitad mala, brutal. La otra buena hasta lo ridículo, admirable al principio, rechazada después por su altruismo sin límites, tan intolerable como su lado oscuro. Finalmente los dos medios cuerpos del vizconde fueron unidos y él queda, no es ni tan bueno, ni tan malo», relata Hugo Asch sobre la novela de Calvino. El tipo queda como un humano, digamos. Debería probar Otta con esa costura mágica para unir ambas mitades del equipo, y hacer uno más equilibrado. Y lo mismo va para nosotros, los argentinos. Aunque esto del equilibrio y la unidad no esté en nuestra esencia.

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