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La otra mirada

La actitud, los horrores y la realidad

Publicado el

Gentileza Alejandra Sandez

«Para ganar en el boxeo, hay que moverse hacia atrás. Pero si retrocedes demasiado, al final ya no estás luchando», Eddie «Scrap-Iron» Dupris (Morgan Freeman) como narrador en Million Dollar Baby, película dramática estadounidense de 2004, dirigida y protagonizada por Clint Eastwood.
Es cierto que tengo que escribir sobre fútbol y no sobre boxeo. Pero tal vez este condicionado por haber hecho, unas horas antes, una extensa nota sobre «el deporte de las narices chatas» con Marcelo Muriel. Y haber escuchado después su comentario sobre la derrota de Atlético por Radio Castellanos. O seguramente que solo busque esa frase por el enorme parecido que tienen ambos deportes en cuanto a esa posibilidad de que cualquier acto inesperado pueda cambiar todo. Ninguno de los dos respeta normalmente las reglas de la justicia. Entonces, quienes los practican deben saber que la actitud tiene tanta importancia como la aptitud. Y que dejar pasar oportunidades es casi un suicidio deportivo. ¿Tiene entonces relación la frase de Scrap-Iron con la dolorosa derrota de Atlético? Sin dudas. Es que el equipo de Otta tuvo este domingo la enorme posibilidad de conseguir un buen resultado que le permitiera fortalecer la recuperación mostrada en las últimas tres fechas. En un lugar donde históricamente le ha ido bien, y ante un rival que es candidato a pelear arriba pero que no entendió en todo el primer tiempo como podría ganar el partido. Pero en la segunda etapa dejó todo en manos de su rival, y retrocedió tanto que dejó de luchar.
¿Qué explicación se da cuando el futbolista está más estático, con menor recorrido, lento en las tomas de decisión, sin agresividad, torpe en las acciones y gestos técnicos, cometiendo errores impropios de su calidad, poco coordinado en el trabajo colectivo? Sin duda, se recrimina la falta de actitud. Se podría recriminarle eso al Atlético de la segunda etapa. Pero, ¿realmente es así, un problema por defecto, por falta de motivación y de esfuerzo, por no tomarse en serio el partido? ¿Está siendo poco profesional? Aseguran los expertos que nada es tan simple. Que esos síntomas apuntados, observados sobre el terreno de juego y que exasperan a cualquiera, pueden deberse a múltiples causas.
El análisis del partido se podría simplificar diciendo que después de un inteligente primer tiempo, Atlético se olvidó de preocupar a San Martín y entonces a este no le quedó otra que atacar aún sin claridad. El primer gol es una desgracia. Centro desde la izquierda, algo que a este equipo le ocurre en todos los partidos y por ambas bandas, pelota que pica inesperadamente y da en la mano de un Liporace demasiado laxo. Un horror en el fútbol profesional, sobremanera cuando se está tan pendiente de las manos en el área. Penal y gol. Pura justicia a esa hora, ya que sacaba ventaja el que quería ganar. Entonces sobrevinieron los cambios, la reacción, y el partido que volvió a ser el del comienzo. Pero ya se había regalado demasiado tiempo y se estaba en desventaja. Y mientras mirábamos cada córner para ver si Racca seguiría siendo el héroe de nuestra película, llegaron dos horrores más. Uno del árbitro, que no sancionó una clarísima falta a favor de Atlético anterior al córner que terminó en el segundo tanto. Y el del nobel arquero que regaló el tercero con el partido ya cerrado.
Deberá el entrenador entender que para ser protagonista del torneo hay, primero, que sentirse como tal. Y para ello hay que buscar la victoria y no esperar que los rivales la regalen. Una cuestión de actitud. Y esto tiene también incide en evitar cometer errores u horrores, de esos que determinan el desarrollo del partido. Por último queda la realidad. ¿Cuál es la de este equipo? La que le mostró en el segundo tiempo ante Instituto, jugando para festejar merecidamente una victoria épica. O la que sufrimos en los mismos 45 minutos de ayer, regalando el partido por inacción. Con limitaciones, el plantel tiene jugadores para pelear como protagonista. Pero tienen que convencerse de ello. Y no regalar posibilidades. Porque, volviendo a usar una frase de la película de Eastwood, «Los ganadores son simplemente aquellos que están dispuestos a hacer cosas que no harán los perdedores».

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