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La otra mirada

La pelota intelectual

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El fútbol constituye una parte muy importante de la cultura universal. Diversos estudios históricos y antropológicos así lo señalan. Sin embargo, que se lo tome como una forma de cultura, es ya una definición por lo menos discutible. El célebre periodista y escritor español lo analiza en profundidad.

“El fútbol es la recuperación semanal de la infancia y también es temor y temblor, dramaticidad y zozobra, una mezcla de sentimentalidad y salvajismo, una escuela de comportamiento y nostalgia, y la escenificación de la épica al alcance de todo el mundo. Y vemos el fútbol como lo que seguramente es en el fondo para millones de aficionados: un interminable desfile de héroes, villanos, actores y gestas, un espectáculo que seguramente merece la pena tomarse en serio.

En tanto y en cuanto este deporte aglutina un conjunto de saberes, creencias y modelos de conducta social, el fútbol sí es cultura. Por ello, no solo es espectáculo sino que posee unos valores sociales y culturales vinculados”. Salvajes y sentimentales. Letras de fútbol, libro del español Javier Marías.


Luis María Anson Oliart nació en Madrid el 8 de febrero de 1935. Es periodista y escritor, miembro de la Real Academia Española. Presidió la agencia EFE entre 1976 y 1983 y dirigió el diario ABC de 1983 a 1997. Fundó el diario La Razón en 1998 y en 2008 el diario digital El Imparcial. Actualmente preside el suplemento El Cultural del diario El Mundo. Pero también es un profundo conocedor del mundo de la pelota, no solo de lo que ocurre en los campos de juego sino también en el entorno. Y lo analiza como pocos.

¿El fútbol es una forma de cultura?

“Son muchos los que consideran de ese modo. Se trata de una opinión discutible. Los Juegos Olímpicos definieron en la Grecia de Fidias y Praxíteles, de Eurípides y Platón, una manera de interpretar la vida. Pero solo tangencialmente o por extensión se pueden entender los espectáculos deportivos como manifestaciones culturales. La literatura, la pintura, la escultura, la arquitectura, la música, la danza, la filosofía, la ciencia, el cine y las artesanías se encuentran en la médula de las manifestaciones culturales. El deporte, no. Es otra cosa, aunque tangencialmente roce el mundo de la cultura”.

¿Y cómo se lo analiza?

“En la mayor parte de los países, el fútbol ha adquirido una dimensión de tal envergadura que exige un tratamiento aparte. Es innegable la parálisis que se produce cuando se celebran determinados partidos tanto a escala nacional como internacional. Arnold J. Toynbee afirmaba que el historiador no puede quedarse ajeno al incendio popular por el deporte rey. En España, Fernando Lázaro Carreter fue el primer intelectual de envergadura que dedicó páginas esclarecedoras a analizar la significación del fútbol, si bien Ortega y Gasset había anticipado lo que podría suponer el deporte en el futuro. Para el inolvidado director de la Real Academia Española, el balompié ha sustituido por fortuna al fervor de la guerra”.

Pero el fútbol tiene una incidencia muy fuerte en lo político y social…

“Hay una épica futbolística que desentumece las reivindicaciones históricas. El Brasil vencedor o la Argentina triunfadora sobre los equipos nacionales europeos descargan el sentimiento de desquite contra el colonialismo de muchos siglos. Pelé y Maradona sepultaron a Pizarro y a Cortés. Si Portugal derrota a España, la sombra de Aljubarrota planeará sobre las crónicas periodísticas. En la España vencedora de Inglaterra, en los mundiales de Brasil en 1950, se habló de “la pérfida Albión”. Y si nuestra nación hubiera caído en el partido contra Francia se habría recordado la batalla de Rocroi. Los negros que vertebran los grandes equipos europeos significan en algunos aspectos el despropósito de la política antirracista y de la opresión atroz que el blanco ejerció en África. La esclava negra se despereza, signo de selva el suyo, con sus collares rojos, sus brazaletes de oro curvo y ese caimán oscuro nadando en el Zambeze de sus ojos. Los orgullosos equipos europeos se han teñido de negro para mantener su capacidad deportiva”.

¿Esa épica no tiene que ver con lo cultural?

-“Es que una cosa es la épica del fútbol y otra muy distinta la cultura del fútbol. Que a la manera de los viejos torneos, dos equipos, en lugar de dos ejércitos, ventilen el orgullo nacional, no parece negativo. Mejor la pasión del fútbol, incluso con sus ocasionales excrecencias violentas, que la guerra de las armas y la sangre derramada. Rubén Darío hubiera dedicado su Marcha triunfal al vencedor del Mundial surafricano y a sus héroes Íker Casillas y Andrés Iniesta. Pintores ilustres, escultores de relieve, poetas como Alberti o Miguel Hernández, se han expresado artísticamente en torno al fútbol. Algunos de los más reconocidos arquitectos del siglo XX concibieron estructuras gigantescas para albergar la pasión futbolística. Pero eso no significa que el deporte en sí mismo sea una expresión cultural”.

Pero finalmente, un deporte que en determinadas manifestaciones paraliza la vida de una nación y que congrega ante el televisor a millones de personas, ¿forma o no parte de la cultura?

“La cuestión no puede ser más interesante. ¿Fue cultura, en el sentido profundo de la palabra, el circo de Roma? ¿Lo es un partido entre el Real Madrid y el Barcelona, entre las selecciones nacionales de Brasil y Argentina? Para responder a estas preguntas sería necesario llegar a una definición cabal de la cultura. Y eso me parece una proeza casi inalcanzable. Quedémonos por ahora con lo que decía Lázaro Carreter: el fútbol es la válvula de escape de las pasiones populares, de ciertas reivindicaciones históricas, del orgullo de derrotar al rival, de la épica del triunfo que ha sustituido, al menos en parte, los estériles derramamientos de sangre de la guerra”.

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